Tire dié

Por: Jorge Tobías Colombo

El niño corre agitadamente al costado del tren. Todo su rostro tiembla mientras el flequillo rubio golpea su frente. Prosigue su marcha estirando los brazos en dirección a las ventanillas. Por su vestimenta y su rostro que parece sucio, además de transpirado, podemos intuir que seguramente es pobre. Las cabezas curiosas de los pasajeros se asoman por las ventanas del tren que cruza el puente, casi a paso de niño. A paso de niño que corre.

A ese hombrecito desconocido, el movimiento frenético de la carrera urgente le hace perder el equilibrio cuando, luego de extender el brazo y abrir su mano, consigue tomar las monedas que le tiran desde el tren que se apresta a dejar atrás el puente. TIRE DIÉ TIRE, TIRE DIÉ TIRE, repite la triste letanía de los chicos. Aún separada del cuerpo madre de la película a la que pertenece, el poder expresivo y emocional de la imagen sigue siendo elocuente; y cuando se comprende de qué se trata, cuando se vislumbra el mundo que se esconde detrás de ella, se vuelve desgarradora e inolvidable.

Aparece también en una de las imágenes ajenas que -incorporadas a La hora de los hornos- le sirven a Fernando “Pino” Solanas para homenajear y señalar su ascendencia estética y moral. Tire dié fue realizada entre los años 1956 y 1958, entre las cuatro y cinco de la tarde, por un equipo de alumnos de la Escuela de Cine de la Universidad del Litoral, organizado y dirigido por el cineasta Fernando Birri. Nacido en 1925, en Santa Fe; entre 1950 y 1953 cursó estudios en el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma, es decir en el corazón mismo de la escuela neorrealista, donde se enseñaba a sentir el cine como documento de una época, como recreación fidedigna de una circunstancia histórica y social.

De regreso en el país en 1956, con la consigna y la necesidad interior de crear un cine realista, nacional y popular y crítico, fundó el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral. La progresiva y rápida ampliación de las actividades del Instituto, convertido en un verdadero taller-escuela, lo transformó en el epicentro de lo que algunos llamaron la escuela documental del Litoral, cuya influencia se marcó fuertemente en el campo del cortometraje y en algunos largometrajes, tanto nacionales como latinoamericanos de los años sesenta.

Entre los mediometrajes producidos el más célebre es Tire dié, de Fernando Birri, testimonio de las contradicciones de la sociedad argentina de mitad del siglo XX. La expresión “tire dié” pertenece a la jerga de los pobladores del barrio y sobre todo de los niños; (tire dié guitas), frase con la cual intimaban a los pasajeros de los trenes que cruzaban el puente que sale de la capital santafesina para cruzar el río Salado, a que les tiraran unas pocas monedas como limosna. Sobre la imagen de niños harapientos y sucios, pero llenos de una inconsciente alegría, escuchamos las voces en off de Francisco Petrone y de una muy joven María Rosa Gallo recitando las respuestas que esos chicos –y también sus padres- han respondido para completar ese cuadro desolador de la pobreza en los márgenes de la gran urbe santafesina. La intervención de los dos actores se debió a que el sonido original de los testimonios era muy malo, al haber sido tomado en directo.

Tire dié se presenta como la primera encuesta social filmada. Surge así también una primera definición de la función social del cine, concebido como medio de comunicación masivo: informar y difundir la serie de datos que son obviados y olvidados por las encuestas y los informes oficiales, como el que abre la película y que exhibe en su detallada pero incompleta nómina, sólo los indicadores que valen la pena mencionar y que enorgullecen a esa comunidad.

Este mediometraje del director santafesino muestra su filiación neorrealista, en tanto cumple con la tarea que le cupo al movimiento italiano de los años cuarenta como negación del cine fascista impulsado por el régimen de Benito Mussolini: el llamado cine de teléfonos blancos1 en honor a sus historias irreales, con personajes de clase alta, viviendo en una sociedad en la que no existen pobres y donde todo es lujo y placer.

Leé Arlequín #5: http://bit.ly/1lKt1I5

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