Cuando el humor pisa fuerte II

Espectador de stand up desde hace quince años y trabajador del género desde hace doce, cuenta que, en su recorrido, tanto sus inquietudes como su forma de abordar el trabajo fueron evolucionando. “Al principio, estaba más interesado por el chiste, por el ingenio. Con el tiempo eso fue cambiando y ahora escribo un texto sin buscar tanto el chiste. Si tengo ganas de hablar de un tema, me interesa profundizarlo, analizarlo. Ese texto que busca la risa, de otra manera, podría ser un drama. Con esa idea genero mi material”. A la hora de explicar su metodología de trabajo, agrega: “El proceso es raro, porque casi siempre me pongo primero a decirlo sin escribirlo y, una vez que lo escribo, lo vuelvo a ensayar y lo vuelvo a escribir”.

Este conductor y actor, que presentó este año su propio unipersonal (Wainraich y los frustrados), observa también un prolífico presente en la escena del stand up local aunque asegura que, por la naturaleza solitaria del género, no es tarea fácil sostener un espectáculo de calidad. “Ahora explotó el stand up. Creo que es porque al público le gusta reírse y porque, en términos de logística, es fácil hacer un show de stand up. El tema es que después te la tenés que bancar arriba del escenario, porque, al ser tan despojado, como artista tenés que tener muchas herramientas o pocas pero sólidas”.

Si bien el stand up es un género en el que los referentes más populares a nivel internacional han sido en su mayoría hombres, en la Argentina son muchas las humoristas que se arrojaron al universo estandapero y lograron una notable repercusión en el público. “A mí me parece lógico y natural que las mujeres suban al escenario a hacerlo y me resulta muy atractivo. Es un lugar de despojo, y ellas sacan una personalidad y unos textos sorprendentes”, observa Wainraich, quien además comparte su oficio y su vida con Dalia Gutmann, una de las estandaperas más reconocidas.

El paso del tiempo, las modas, el consumo y la pareja son solo algunos de los temas recurrentes en el stand up. Pero basta solo con haber visto en acción a George Carlin, Jerry Seinfeld, a Louis CK, o a cualquiera de los grandes talentos que supo regalarnos este género, para darse cuenta de que la clave de este oficio no parece estar en abordar temas de gran singularidad, sino en agudizar la mirada para arrojar nuevas reflexiones sobre lo colectivo, entendiendo al arte de hacer reír como una tarea compleja y ardua.

En una entrevista con The New York Times, fue el mismísimo Seinfeld (uno de los responsables del boom del stand up a nivel internacional) quien describió casi a la perfección la esencia del oficio: “Cuando reconocés un chiste como material preciado, ahí es cuando todo empieza. Si tenés el gen, para vos un chiste es algo increíble”. Y en la obsesiva búsqueda de esos bienes preciados, cada vez son más los artistas que se arrojan al difícil y solitario juego de hacernos reír, a ese divertido ritual de ofrecernos, con su humor, un reflejo de lo que somos.

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